Las dos montañas de la vida
Tengo que reconocer que estoy disfrutando muchísimo la etapa actual de mi vida.
Pasados los 40, uno tiene cierta perspectiva de lo mucho que ha hecho, del camino que ha recorrido (y que no tiene por que ser un sendero llano, limpio, lleno de flores y bien señalizado), de las metas alcanzadas, de los éxitos y fracasos aprendizajes, y de las elecciones tomadas (porque cuando dices sí a algo, estás diciendo no a muchas otras cosas).
Este análisis del pasado, en este momento de la vida, te permite tener una idea más o menos clara de cómo te percibes y cómo te proyectas hacia los demás, ya que la primera mitad de la vida está destinada, según David Brooks su libro «The Second Mountain» (que a su vez, tiene raíces en las teorías de Carl Jung), a la construcción del ego. Hablamos de la primera ‘montaña’ de debemos coronar.

Es durante esta primera etapa que nos consolidamos respecto al mundo exterior: nos centramos en cómo queremos que nos vean los demás y en cómo nos relacionamos con el entorno. Es una etapa en que la sociedad nos empuja a que contestemos preguntas como,
- ¿soy trabajador?
- ¿tengo una buena posición social?
- ¿tengo estudios?
- ¿soy educado?
- ¿sigo las normas y convenios sociales?
- ¿he formado una familia?
- ¿tengo dinero, coche, lujos?
- ¿cumplo las expectativas culturales?
Es una etapa centrada en el exterior, en cómo queremos que nos perciban los demás, en cómo nos coloca ese reflejo que proyectamos en la sociedad y cuán aceptados nos sentimos. Es la etapa que se centra en el TENER. La vida nos ha dado unas cartas, y en esta estapa se trata de ponerlas en juego y resolver la duda de qué quiero y qué puedo esperar de la vida. Qué me aporta la vida a mí.
Pero normalmente cuando uno ha superado esta etapa (con más o menos éxito), y cuando desde la perspectiva que te otorga la experiencia eres capaz de dar por superada esta primera meta de la vida, parar un momento y hacer una evaluación, es en ese momento es cuando te das cuenta que probablemente la vida no va de TENER, sino de SER. Esta es la segunda ‘montaña’ de la vida.
Ahora, la duda que la vida nos impulsa a resolver es qué espera la vida de mí, qué debo aportar yo al mundo.
Debes seguir tus ideales con humildad y consistencia. Aférrate a lo que sabes que es correcto. Con el tiempo, aquellos que te ridiculizaban llegarán a admirarte.
Epicteto
Porque el TENER está muy bien. Es agradeble y necesario tener dinero, una casa, ropa, comida, vacaciones, comodidades, trabajo, entretenimiento, amigos, conocidos, reconocimiento, tiempo libre… pero solemos apegarnos a las cosas, identificarnos con ellas y pensar que nuestro valor depende de lo que tenemos. Pero eso no soy YO.
- Si perdemos el trabajos, ¿somos menos YO?
- Si se reduce nuestro grupo de amigos o conocidos, ¿somos menos YO?
- Si tenemos menos dinero, o nos quedamos sin coche, ¿somos menos YO?
- Si ya no somos capaces de correr una media maratón al ritmo que lo hacíamos antes, ¿somos menos YO?
¿Por qué te parece ese hombre tan imponente? Porque no lo estás considerando solo a él, sino también a su pedestal. Un enano no pasa a ser alto por subirse a una montaña. Este es el error que cometemos, al no valorar a los hombres por lo que son, sino por los adornos que llevan.
Séneca
La pregunta que nos nace entonces es, ¿qué es lo que realmente me define y por lo que me siento valorado?, ¿qué es lo que me hace sentir bien conmigo mismo, por lo que me siento orgulloso y por lo que me siento más YO?, ¿cómo impacta lo que yo hago al mundo? ¿es un impacto positivo, negativo o neutro?
Esa es, en mi opinión, la principal tarea de la segunda etapa de la vida: buscar la verdadera esencia o finalidad del SER, y dejar en segundo plano todo lo que tiene que ver con el TENER.
No deja de sorprenderme el hecho de que, aunque nos queremos más que a otras personas, valoramos más sus opiniones que las nuestras propias
Marco Aurelio
Importa mucho más lo que tú piensas de ti que lo que piensan de ti los demás.
Séneca
Porque el TENER siempre acaba por dejar una sensación de vacío cuando lo alcanzas. Compras un coche nuevo, lo vives y disfrutas como algo extraordinario y que te hace feliz, pero sólo durante unos días. Después ya no te llena. Consigues un aumento de sueldo, piensas que ese extra va a marcar la diferencia en tu vida, porque vas a poder hacer X o comprar Y, pero la realidad es que te acostumbras y todo vuelve a ser lo mismo. Ser reconocido y aceptado por lo demás termina por no tener ningún valor si el precio que has de pagar son tus verdaderos ideales.
Entonces, ¿qué hay que hacer para dejar en segundo plano el TENER y valorar por encima de todo el SER? Pues no lo sé. Imagino que ese va a ser el trabajo que hay detrás de esta segunda etapa de mi vida.
Pienso que hay personas que, desde muy jóvenes, tienen una vocación muy clara de ayuda y servicio, y dedican su vida a ella. Son personas que sienten que deben contribuir a la sociedad y al mundo, ya sea enseñando, curando, cuidando, aliviando, investigando, innovando, o cualquier otra disciplina que aporte, de una forma u otra, una mejora en la vida de los demás. Y ejercer esa vocación realmente les llena, les mueve día a día, y viven plenamente haciéndolo. Admiro a esas personas, porque son los que verdaderamente aportan para que el mundo sea un lugar mejor. Y sin saberlo, ya han alcanzado la cima de esa ‘segunda montaña’.
No podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa que la mañana, pues lo que en la mañana era mucho, en el atardecer será poco, y lo que en la mañana era verdadero, en el tarde será falso.
Carl Jung
Si el objetivo que hay por delante es completamente distinto al anterior, la forma de afrontarlo y las herramientas para alcanzarlo deben ser distintas. Lo que en la primera fase era importante, quizás deba dejar de serlo en la segunda. Lo que antes era motivo de preocupación o foco, ahora quizás deba pasar a un segundo plano. Lo que hasta ahora eran simples ideas, quizás ahora deban materializarse con acción e intención. Este trabajo forma parte del descenso de la ‘primera montaña’, y creo que es un camino que nunca termina. Cuesta mucho desapegarse de ciertas cosas.
El objetivo que persigo es como cuando haces limpieza de un armario: te deshaces de todo aquello que ya no usas, que está viejo o anticuado, y te quedas con lo que realmente te gusta y necesitas. Todo queda ordenado, hay sitio para incorporar nuevas prendas, ganas tiempo porque puedes saber lo que tienes con un simple vistazo, sin esfuerzo alguno, y sientes que tienes el control de lo que vas a usar, porque tienes lo que realmenente quieres y valoras.
Esa es la sensación que tengo en mi mente y en mi vida al deshacerme de pensamientos, dogmas, aprendizajes o convenios que no considero útiles y que no me aportan. Dejo libre ese espacio para incorporar cosas nuevas, que pueden acabar por resultar inútiles al final, pero que me permitirán ir construyendo poco a poco una visión más certera sobre lo que sí quiero y funciona, y lo que no. La limpieza del armario nunca termina, es un proceso continuo.
Al final, este camino no se trata de dejar de escalar, sino de cambiar la mochila. En la primera montaña, la cargamos con trofeos, expectativas ajenas y un afán por poseer. En la segunda, empezamos a soltar lastre. Quizás nunca lleguemos a una cima definitiva donde todo esté perfecto, pero cada vez que nos deshacemos de algo que no nos pertenece, nos volvemos más ligeros.