Saltar al contenido

Lo que aprendí de Tuntún

Todo es un préstamo 

(y por qué eso es una buena noticia)

Desde hace aproximadamente un año y medio tengo a mi cargo el cuidado de un precioso perro. Se llama Willow, es un podenco ibicenco, pero no es la primera vez en mis 43 años de vida que afronto este tipo de responsabilidad. En el pasado, y durante aproximadamente 12 años, habíamos sido anfitriones de un gato. Durante todos esos años, tanto Tuntún como nosotros disfrutamos mutuamente de nuestra compañía. Él obtenía todo lo que necesitaba para vivir una vida tranquila: comida, refugio, seguridad, juegos, amor… y nosotros recibíamos es gratificación profunda y auténtica que sólo puede obtenerse cuando cuidas de alguien o algo de forma desinteresada y desde el corazón.

Pero como es normal y esperable, la vida de Tuntún fue más corta que las nuestras, y nos dejó de forma trágica un 22 de diciembre. Y recalco que para nosotros sólo se fue su parte material, porque mientras sigamos pensando en él, lo recordemos, hablemos de él rememorando alguna de sus trastadas o costumbres, mientras veamos su foto y lo sigamos sintiendo, de algún modo, existe y sigue formando parte de nosotros.

Ahora Willow forma parte de nuestras vidas (y las lecciones de vida que me ha dado serán fruto de otro post), pero sin las enseñanzas que obtuve de Tuntún creo que no habríamos sido capaces de volver a adoptar un animal. Y son un pilar en mi presente: nada nos pertenece, todo es una concesión temporal.

 

1. El arte de devolver, no de perder

Tener a cargo un animal te enseña, o mejor dicho, te obliga a aceptar que antes o después él dejará de estar contigo (a no ser que tengas como mascota una tortuga de las Galápagos, en cuyo caso, disfrutarás durante toda tu vida de la misma mascota, pero probablemente no te llevarás muchas de las lecciones que te brindan otros animales…). Este conocimiento de que tarde o temprano se marchará, te obliga a replantearte muchas cosas que das por sentado, pero que no lo son en absoluto.

«Nunca digas que has perdido algo, simplemente lo has retornado.»

Marco Aurelio

Damos por sentado que lo que tenemos hoy, también lo tendremos mañana. Pensamos que los días son infinitos, que siempre habrá un momento futuro para las cosas. Que nuestra pareja, hijos, familiares, amigos o mascotas nos acompañarán para siempre, y que podremos disfrutar de ellos tal y como lo hacemos hoy siempre que queramos. Que nuestro cuerpo será siempre el mismo, que nuestras capacidades físicas y mentales se mantendrán inalteradas con el paso del tiempo. Y la de nuestros seres queridos también. Pero es no es así. A cada instante que pasa, todo cambia.

2. La vida condensada en 12 años

En Tuntún vi el paso del tiempo a cámara rápida. En apenas una década, vi cómo cambiaba su físico, su carácter y sus metas. Lo fascinante es que él nunca midió su vida en años, sino en instantes:

  • Si salía el sol, se tumbaba.
  • Si tenía hambre, comía.
  • Si estábamos nosotros, buscaba afecto.
  • Si estaba solo, dormía sin culpa.

Es una forma de vivir sencilla, centrada en el presente, y que no te permite sufrir por la falta de algo o alguien, ni por la perspectiva de lo que tendrás o no en el futuro. Lo que importa es lo que tienes hoy y, sobre todo, lo que haces con ello.

En nuestro día a día, tenemos multitud de ocupaciones y responsabilidades, compromisos con nosotros mismos y con otros, remordimientos por aquello que hicimos o dejamos de hacer. Todo esto forma parte de la vida, es una parte 

Todo cambia a cada segundo, y resistirse a ese cambio es la fuente de todo nuestro sufrimiento.

«En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos»

Heráclito de Éfeso

3. Un juego de suma cero

Antes o después, tendremos que decir adiós a cosas: a nuestro trabajo, a algún familiar o amigo, a nuestro coche, a nuestra casa, a nuestros músculos, a nuestra autonomía, a nuestra mascota… Y tendremos que dejarlos ir porque, o bien desaparecerán y no nos pertenecerán, o bien porque seremos nosotros quienes nos iremos y, automáticamente, lo entregaremos todo. Dicen que nacemos sin nada y nos vamos sin nada. Es un juego de suma cero. Todo lo que ‘tenemos’ entre esos dos momentos, son un simple préstamo, una oportunidad que nos brinda la vida para disfrutar de cada cosa y momento de la forma más única, auténtica y especial que podamos, ya que nada nos asegura que más tarde, mañana o de aquí 3 años, sigamos pudiendo hacerlo.

Si entendemos que «todo es prestado», el miedo al futuro pierde fuerza. 

«Haz lo que puedas, con lo que tienes, en donde estés».

Theodore Roosevelt 

Conclusión: Vivir sin facturas pendientes

El gran regalo de Tuntún fue enseñarme a VIVIR el presente (en mayúsculas):

  • Si hay sol, salgamos.
  • Si llueve, disfrutemos del refugio.
  • Si estás cansado, date permiso para frenar.
  • Si has perdido algo, no pierdas más tiempo lamentando la devolución; mejor inviértelo en agradecer el tiempo que lo tuviste.

Al final, la vida no se trata de cuántas cosas acumulamos, sino de qué tan bien supimos disfrutar del préstamo mientras duró.

Vivir el presente no es una opción, es la única forma de honrar lo que se nos ha prestado. ¿Qué es eso que hoy agradeces tener en tu vida?